09 marzo 2009

UN PNV LIGERO DE CASCOS

ROMPIENDO MOLDES

Los partidos políticos no deben ir por ahí rompiendo moldes. No deben, porque los ciudadanos ya los hemos entendido, los tenemos catalogados en función de los mensajes que nos han transmitido, en virtud de una imagen sólida y genérica de sus fundamentos y su ideología que los propios partidos han creado con esfuerzo y muchos años de trabajo.

Los partidos pueden crear nuevos marcos, pero no contrarios a los que tenían. Deben evolucionar, pero nunca desconcertar.
Al PNV le pasa.

El PNV lleva toda la democracia sentando discursos elaborados que en algunos casos faltan a la verdad, pero que como maestros de la venta que reconozco que son, los transmiten con audacia, repetitividad y eficacia, y alguna ayudita del respaldo que da estar en gobierno.

Por ejemplo, recordemos la famosa frase-trampa que repite desde hace años el Lehendakari con cara de oprimido triste:
¿qué hay de malo en que los vascos decidan su futuro?

Como digo, es una frase-trampa que no se refiere a las contiendas electorales en las que los ciudadanos vascos decidimos constantemente nuestro futuro (pensar en eso al oírla, sería lo lógico), sin embargo la asociamos a un discurso machacón que ellos han sabido "socializar". Cuando oímos esa frase, todos sabemos que el PNV se refiere al referéndum ilegal que ha pretendido en los últimos años.

¿Qué me dicen del famoso "diálogo sin exclusiones"?
De nuevo no se refiere a que todos los partidos democráticos dialoguen y lleguen a acuerdos en las instituciones con todos sus adversarios, ¡que para eso les pagamos!. No. Todos sabemos que cuando Ibarretxe habla con esa energía mitinera que le caracteriza y esa cara de dolor indignado de su falsa "obligación" de establecer un diálogo sin exclusiones, habla de sentarse con etarras para preguntarles "¿qué quieres que te dé para que no mates?. Marco miserable que afortunadamente, muchos esperamos ver en escombros a la mayor brevedad.

Todos esos marcos que tanto trabajo les ha costado crear, se derrumban. Se los están cargando ellos solitos desde la prepotencia y desde la rabieta que les ocasiona verse fuera del poder que han ostentado demasiados años.

El PNV, partido de ideología de derechas ultraconservadora, consolidado a golpe de maquillado discurso, se ve ahora las caras con "el árbol del que recoge las nueces" y lucha por desmontar su imagen de "nacionalismo obligatorio" que ahora sí ve clara la sociedad vasca.

El nuevo marco corresponde a "los ciudadanos vascos hemos decidido" y ahora sí lo entendemos como el ejercicio de nuestro derecho al voto libre y secreto. En el PNV se detecta esa apertura de los vascos a estos nuevos contextos planteados que muestran la verdad de la sociedad en Euskadi y desmontan los marcos engañosos y machacones en los que el PNV nos tenía sumidos.
La reacción del PNV ante este nuevo escenario se resume en declaraciones contradictorias, exabruptos y rabietas infantiloides.

Que un político de la talla de Anasagasti, al que como exdiputado nacional y senador, se le presupone una cierta altura de miras, insulte a Antonio Basagoiti metiéndose con sus hijas, los ciudadanos vascos que somos hijos, que somos padres, lo vemos como algo ruin en lo personal e intolerable como representante de los españoles del PNV en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Estas miserias nos reafirman en nuevo marco que hemos elegido del "Cambio" necesario de representantes.

Que un político como Urkullu hable de "golpe institucional" refiriéndose a que el PNV no es capaz de asumir "El Cambio" que los ciudadanos hemos votado, su pérdida de poder y un horizonte de labor de oposición, demuestra la prepotencia y la patrimonialización del "chiringuito vasco" que el PNV concibe de Euskadi.
El PNV inicia la cuesta abajo, y con su incontinencia verborréica no planificada ante lo que (digo yo) que consideran como un imponderable, les hará perder los frenos en la cuesta. Ese "imponderable" de "El Cambio" que los vascos hemos votado, no sólo ha pillado al PNV fuera de juego, sino que le coloca en un escenario nuevo que no saben cómo afrontar, y es por eso que intentarán negociar hasta el calzoncillo (con perdón) mostrando su hasta ahora oculta ligereza de cascos, con tal de no verse en la oposición, que para ellos es cómo viajar a Marte en la primera expedición.