21 abril 2009

LA FALSA JUVENTUD DE ETA

Todavía recuerdo al Sr. Ibarretxe en el púlpito del Parlamento Vasco, hace cuatro años, colocando equidistante de sí mismo, a la banda ilegalizada ETA hacia un lado, y en el extremo opuesto a un partido democrático, el Partido Popular. Se cansó de equipararlos, y paso a la descalificación, le tocó después al PSE la ración de bronca, y los ciudadanos asistíamos atónitos a un debate de investidura de un Lehendakari cabreado y con una pataleta que le hizo perder los papeles en más de una ocasión.
Los ciudadanos no podíamos creer que una persona aparentemente racional como él, pudiera plantear de forma tan desafortunada, semejante idea disparatada y muchos sentimos su engaño y su falsedad.
Hoy muchos vascos y vascas, sentimos que el Sr Ibarretxe ha sido el lehendakari de muy pocos.

Muchos jóvenes vascos saben que lo suyo no ha sido la preocupación por sus problemas, sino una simple conducta carente de ética moral que desprecia públicamente la vida humana. Que sus condenas de asesinatos eran una reivindicación a ETA de que no fuera “por libre”, era un llamamiento a que se unieran a él mismo, bajo su batuta política, con el fin de acabar con los demócratas que le estorban, y que los asesinos sean sus compañeros salvapatrias. ¡Vaya estómago el de sus votantes!
Este convencimiento mío y de tantos jóvenes, nos demuestra que para los nacionalistas mentirosos, es decir los dirigentes del PNV, la vida de “los otros" no vale nada...
Esto se ha demostrado desde el nacionalismo, desde hace muchos años, ese ruin juego de doble moral en el que con sonrisa amable les dicen a sus adeptos que no se preocupen de nada, que la culpa es de aquellos, que existen y además, osan salir a la calle y pasar por delante para provocar...
El PNV no juega limpio. Si algo ha caracterizado al PNV a lo largo de su historia es la falta de honor, de palabra, sus deslealtades y traiciones. Desde Santoña pasando por la deslealtad al Estatuto de Guernica,... Y empeñando a Euskadi, y amenazando a España por un puñado de votos de asesinos y de aquellos que los jalean. Esta vez, le ha salido el tiro por la culata.
Una de las mayores traiciones a la democracia la ha realizado el PNV en su delito de desobediencia desde el Parlamento Vasco, negándose a aplicar la Ley y las sentencias judiciales, “olvidando” que el poder judicial no reside en el parlamento, legitimando a terroristas y por tanto el “derecho a matar”, confundiendo competencias con los poderes del Estado, y creando inestabilidad económica, desconfianza e indignación social y el total descrédito de la Cámara vasca. Ahora ETA ha sido por fin expulsada.
Porque los jóvenes, sí entienden de principios y de moral. Saben cosas, como que todos los españoles tenemos los mismos derechos y que los jóvenes vascos constitucionalistas, ni somos de segunda, ni permitimos que se nos equipare con la banda de asesinos.
Saben de democracia y del respeto a los derechos fundamentales y de lo que no sabemos, es de dictaduras, y mucho menos sabemos de integrar regímenes totalitarios o dictatoriales.
Lo que en ningún caso puede ser es que “los jóvenes vascos” sea el término ya habitual para referirse a los cobardes pero crueles asesinos de ETA, es eso es algo, que el PNV usa de forma insistente, e insistente es la humillación y rabia que provoca en nuestro sentimiento de vascos.

Es así como los jeltzales lograban que parte de los jóvenes vascos no opinen y disimulen, con una parte de su vida silenciada por el miedo y la presión social del fascismo sobre la indefensa democracia y la debilidad de la libertad de expresión.
Es así, también, como conseguían adeptos al régimen totalitario nacionalista, la comodidad del asentimiento tontorrón que desfigura las personalidades débiles e inconsistentes de la adolescencia y dibuja grupitos de fantoches abducidos por la causa que ponen su granito de arena y quién sabe si “algo mas”, entre zurito y zurito en bares sólo para ellos, no vaya a ser que se mezcle la idiotez de su raza.
Y esto, añadido a un férreo adoctrinamiento educacional a tiernas edades, tiene como resultado aberraciones como personas que no podrán formarse, porque no tienen criterio propio, sólo tienen en sus cerebros sloganes inconsistentes y sin hilo conductor grabados a base de miles de repeticiones. Ya se sabe. Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.
Pero no es Euskal Herria todo lo que reluce, porque todos esos jóvenes callados, trabajadores, ahorradores y que se dedican a buscar empleo, novio/a, o un piso compartido y desarrollarse intelectual y profesionalmente, somos muchos, en Euskadi y en el resto de España. No se meten “en líos” porque el miedo es libre, pero el voto es secreto... dicen. Pues ahora, yá hemos decidido nuestro futuro.
Esos, y los que no nos callamos, somos a los que el PNV nos ha tratado como apestados aunque no consigan apestar nada que no sea su propia dignidad, y a los que no son nacidos en Euskadi y no hablan la jerga “peneuvista”, y a los que sí somos vascos pero les fastidia que creamos que Bilbao es la mejor ciudad de España, esos SÍ somos los jóvenes vascos.
Y cada vez somos más.

Y nos han hecho daño los asesinos, a los que no podemos integrar en el colectivo de jóvenes por indignos para ello.Han matado niños y niñas, mujeres y hombres, amigos o no, y hemos llorado y sentido la crueldad del criminal, y por los chantajeados y sus miedos, y por los acosados.
Tampoco podemos integrarlos en el colectivo gentilicio de vascos, porque los vascos somos serios, trabajadores, parcos en palabras y honrados, pero en ninguno de los casos somos mentes enfermas y sucias.
Ahora, el cambio ya está aquí, y con él, la rebelión de la verdadera juventud vasca hacia la normalidad.